Cuando una persona trabaja para una empresa,  no sólo obtiene de su labor su sustento económico y el de su familia, sino que indirectamente pone en manos de su empleador su emocionalidad, la calidad de sus relaciones interpersonales, las oportunidades de desarrollo y la esperanza de una vida mejor.

En Colombia, desde el año 2008, la Resolución 2646 del Ministerio de Protección Social, obliga a todas las organizaciones a realizar cada año una valoración de las percepciones y experiencias que enfrentan los colaboradores a nivel intra y extralaboral  que puedan influir en su salud y desempeño.

Dicha valoración, llamada Evaluación de Factores de Riesgo Psicosocial, es una gran oportunidad para las empresas de identificar qué tan bien se encuentran y se sienten sus trabajadores, con el fin de implementar acciones sistemáticas que propicien el bienestar laboral y a su vez, prevenir efectos adversos en su salud física y mental.

En esta evaluación, se consideran las condiciones intralaborales, extralaborales e individuales de cada trabajador y con los resultados se obtiene una mirada individual y general de la organización.

Entre los 25 factores que se valoran, se encuentran las demandas del trabajo, como la carga mental, la carga emocional, la cantidad de trabajo, los horarios; la claridad del rol, las oportunidades de participación y desarrollo, las relaciones con los pares y superiores, la autonomía, el balance entre la vida personal y laboral, las recompensas y el reconocimiento, entre otras.  Así mismo, se tienen en cuenta factores como la calidad de las relaciones familiares, el tiempo de desplazamiento, las condiciones físicas de vivienda y la situación económica particular.

Cada factor afecta a cada trabajador de manera diferente, es decir, las situaciones, agentes o personas que impactan en mi ámbito laboral y que generan estrés en una alta intensidad o en una alta frecuencia pueden ser distintas a las de mi compañero que realiza mi misma función;  por tal razón, es deber de las empresas identificar los posibles riesgos a los que pueden estar sometidos sus trabajadores, prevenirlos, monitorearlos, controlarlos e intervenirlos.

En Colombia, según el Ministerio de Trabajo, el 66% de los trabajadores están expuestos a estos factores de riesgo y entre un 20 y 30% sienten altos niveles de estrés, lo que los lleva a presentar enfermedades físicas y mentales derivadas del estrés laboral, tales como angina de pecho, enfermedades cerebrovasculares, úlcera gástrica, trastornos musculo esqueléticos, episodios depresivos, depresión, trastorno de pánico ó trastorno de ansiedad, por nombrar algunas de las patologías derivadas del estrés, según la tabla de enfermedades laborales enunciadas en el decreto 1477 de 2014 del Consejo Nacional de Riesgos Laborales.

Es por esto que la gran responsabilidad de las empresas consiste en no sólo generar  oportunidades de trabajo, sino en cuidar bien de las personas que las integran y que ponen sus vidas al servicio de la organización para la cual trabajan, desde el pleno cuidado de los procesos internos que implican el talento humano y de la atención puesta en la experiencia del trabajador a lo largo del período de trabajo.

Hoy en día, debido al Sistema de Gestión de Salud y Seguridad en el trabajo, que por ley deben implementar  las empresas, es común que la intervención que se hace en ellas se centre en minimizar los riesgos físicos que pueden enfrentar los trabajadores, tales como el nivel de ruido, la manipulación de elementos químicos, la ergonomía, iluminación, entre otros; ya que estos son aspectos tangibles que permiten mayores posibilidades de control.  Por el contrario, los riesgos que afectan la salud mental son invisibles y sólo hasta que no causan un verdadero impacto como el ausentismo prolongado, enfermedades físicas, hospitalizaciones, la rotación del personal o incluso la muerte,  no son fáciles de identificar.

Actualmente, existen muchas empresas que se han dado cuenta que su mayor ventaja competitiva reside en su gente, y se toman en serio su bienestar.  Cada vez hay más empresarios y líderes que le apuestan al desarrollo humano de sus organizaciones y realmente desean que los colaboradores se sientan muy bien con el trabajo que realizan y en el lugar en el que se encuentran; sin embargo, todavía queda un largo camino por recorrer en la concientización de la importancia de generar buenos ambientes de trabajo que permitan el pleno desarrollo de las capacidades de los trabajadores, y que sobre todo, repercutan en su salud mental.

Así mismo, parte de la labor de las  empresas está en generar un clima laboral sano que contenga espacios de diálogo formales y continuos cuyo objetivo consista en cuidar a sus personas, por medio de una escucha activa, brindándoles oportunidades de comunicación, participación y desarrollo en los que puedan manifestar sus inquietudes, ideas, opiniones, sean tenidos en cuenta como parte esencial de la organización y de esta manera, ir monitoreando el estado real de sus emociones y percepciones que repercuten en su salud mental.

Finalmente, cuando podamos decir que nuestras empresas son saludables, habremos hecho muy bien la tarea al brindarles a los trabajadores una mejor calidad de vida y bienestar que repercuta en la satisfacción consigo mismo, con su entorno familiar y  laboral que redunde en la construcción  de una sociedad mentalmente más sana y productiva.

(Ponencia de «diálogos» en el foro: Salud Mental en Caldas frente a la ley 1616/2013, organizada por Red Expressarte. Agosto 30 de 2021)

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